PACTO HISTÓRICO: EL REFLEJO DE UN PROYECTO FRAGMENTADO.

Por: Melisa Gutierrez Panza
Politóloga (Uninorte).
El próximo domingo 26 de octubre, los ciudadanos habilitados para votar tendrán la posibilidad de participar en la consulta interpartidista del Pacto Histórico, un mecanismo para definir su candidato presidencial y elegir las listas cerradas al Senado y la Cámara de Representantes de cara a las elecciones legislativas de marzo de 2026.
Aunque este tipo de consultas no es nuevo —ya lo hicieron el Partido Liberal en 2017 y el Polo Democrático en 2010; el proceso que enfrenta hoy el Pacto Histórico ha estado lejos de la normalidad. En pocas semanas se ha convertido en un campo minado de peleas jurídicas, tutelas, renuncias y ambigüedades del Consejo Nacional Electoral, generando un ambiente de confusión incluso entre sus propios militantes. Cada semana, un nuevo capítulo parece sumarse a una historia que ha perdido rumbo y coherencia.
Uno de los hechos más comentados es la participación del exalcalde de Medellín, Daniel Quintero, quien, pese a anunciar públicamente que se retiraba de la contienda, aparecerá en el tarjetón presidencial junto a Carolina Corcho e Iván Cepeda. La razón es simple: los tarjetones ya estaban impresos. Este episodio ilustra no solo un error logístico, sino también la falta de coordinación interna y de reglas claras dentro del movimiento. En política, los gestos importan, y este es uno que deja ver desorden y falta de liderazgo.
Desde la llegada de Gustavo Petro a la Presidencia, una parte importante del país vivió un momento de esperanza. Muchos vieron en su triunfo una oportunidad para cumplir los acuerdos de paz, fortalecer la voz de los movimientos sociales y abrirle espacio a quienes habían estado al margen del desarrollo nacional. Otros, incluso sin simpatizar con él, esperaban que su gobierno fuera eficiente y prudente, que administrara el país sin alterar la estabilidad económica ni la seguridad ciudadana.
Tres años después, la realidad es menos alentadora. El presidente no ha logrado traducir sus ideales en una gestión efectiva. Su administración se ha visto marcada por escándalos personales, disputas en el gabinete, fracturas políticas y polémicas en torno a sus aliados más cercanos. A eso se suma una sensación de improvisación constante, de que cada semana el país gira alrededor de una nueva controversia.
Los números reflejan esa desconexión: cuando Petro llegó al poder, su favorabilidad superaba el 50%. Hoy, según la más reciente encuesta de agosto de 2025, su aprobación se ubica en 37%, mientras que la desaprobación alcanza 58%. Detrás de esos porcentajes no hay solo desgaste político, sino una pérdida de confianza en la capacidad del proyecto progresista de ofrecer resultados tangibles.
Frente a ese panorama, la consulta del Pacto Histórico se presentaba como una oportunidad para recomponer fuerzas y demostrar cohesión interna. Sin embargo, lo que se ha evidenciado es lo contrario: fragmentación, protagonismos personales y ausencia de una dirección común. La izquierda, que alguna vez se presentó como el bloque de la esperanza, hoy aparece dividida y sin narrativa unificada.
En ese contexto, la figura de Roy Barreras ha cobrado relevancia. Su candidatura, confirmada recientemente, parece haber capitalizado el desorden de sus rivales. Barreras ha planteado un discurso centrado en la unidad nacional y en la necesidad de superar la polarización, apelando a un electorado que busca estabilidad más que ideología. Sin embargo, su trayectoria política también genera escepticismo en algunos sectores que lo asocian con el oportunismo y la conveniencia.
La pregunta entonces es inevitable: ¿cuál será el impacto político de esta elección interna?
Más allá de los resultados inmediatos, la consulta servirá como un termómetro del estado actual del petrismo y de la capacidad del Pacto Histórico para sobrevivir a su propio desgaste. Si logra salir con una figura legitimada y un mensaje coherente, podría recomponerse frente a los comicios de marzo. Pero si la división persiste, podría abrirle aún más espacio a otras fuerzas políticas que buscan ocupar el centro del debate.
En marzo de 2026 se realizará la consulta interpartidista del llamado “Frente Amplio”, donde confluirán el ganador de este domingo, Roy Barreras y otros líderes de izquierda. Esa será, probablemente, la última oportunidad para que el progresismo colombiano demuestre que aún tiene capacidad de gobernar y de generar confianza.
La historia política del país demuestra que la unidad no siempre garantiza el triunfo, pero la división sí asegura la derrota. El Pacto Histórico está ante una encrucijada: o logra articular un nuevo relato que reconcilie sus fuerzas, o quedará atrapado en sus propias contradicciones, como un reflejo más de la desilusión que hoy recorre al electorado colombiano.
Facebook
Twitter
Email
Telegram
WhatsApp